Infoconsolas tiene un artículo sobre lectura y videojuegos fabuloso y lo recomiendo encarecidamente (aunque empieza algo flojo). Tomo un fragmento que responde a lo que dirían de los libros si estos fueran un invento nuevo y los videojuegos algo de siempre:
La lectura atrofia nuestros sentidos de una manera crónica. A diferencia de la larga tradición de los videojuegos – que envuelven al niño en un mundo vívido y tridimensional, lleno de emotivas imágenes y sonidos envolventes, y controlado por complejos movimientos musculares- los libros son simplemente áridas ristras de palabras impresas. Sólo una pequeña porción del cerebro dedicada a procesar el lenguaje escrito se activa durante la lectura, mientras que los videojuegos abarcan todo el espectro sensorial y varias funciones motoras.
Los libros también conducen trágicamente al aislamiento. Mientras los videojuegos han ocupado a los jóvenes en complejas relaciones sociales con sus iguales, construyendo y explorando universos juntos, los libros secuestran forzosamente al pequeño en un lugar silencioso, apartado de la interacción con otros niños. Estas nuevas “bibliotecas” que han surgido en los últimos años para facilitar la lectura provocan una visión aterradora: docenas de niños pequeños, normalmente tan llenos de vitalidad y tan activos socialmente, sentados y aislados en pequeños recintos, leyendo silenciosamente, invisibles ante sus compañeros.
Muchos niños disfrutan leyendo libros, por supuesto, y no hay duda de que algo de ese escapismo fantástico que encontramos en los libros tiene sus méritos como medio de evasión. Pero para un porcentaje considerable de la población, los libros son injustamente discriminatorios. El furor de la lectura de los últimos años se burla cruelmente de los más diez millones de niños americanos que sufren de dislexia -una enfermedad que ni siquiera existía como tal antes de que los textos impresos llegaran para estigmatizar a aquellos que la sufren.
Sin embargo el rasgo más peligroso de estos libros es el hecho de que siguen un desarrollo lineal e inmutable. No hay modo alguno de controlar la narrativa, uno simplemente ha de sentarse y dejar que le cuenten la historia. Para aquellos de nosotros que hemos crecido con narrativas interactivas, este rasgo es sorprendente e inquietante. ¿Para que querría nadie embarcarse en una aventura totalmente coreografiada por otra persona? Sin embargo las nuevas generaciones se embarcan en aventuras similares millones de veces al día. Esto supone el riesgo de inculcar una pasividad generalizada en nuestros niños, haciéndoles sentir impotentes a la hora de cambiar sus propias circunstancias. La lectura no es un proceso activo y participativo, sino de sumisión. La generación de jóvenes lectores está aprendiendo a “seguir la historia” en lugar de tomar decisiones y liderar.





