Victor estaba a cuatro minutos y 44 segundos de salir hacia su casa -que empezaba, por otra parte, a sólo cuatro metros encima de su cabeza- pegando un portazo.
El dedo que empujó todas las fichas de dominó que terminarían en Victor dando un portazo fue, como es tantas veces, una mujer.
Pero esta vez el portazo no se dio porque un hombre no consiguiera a una mujer que deseaba. O al menos no sólo por eso. Este portazo se dio, principalmente, por una derrota no aceptada. Por una discusión que no quiso reconocerse como perdida.
Victor, 5 minutos y 05 segundos antes de irse del bar, estaba rodeado de gente. Un profano no lo habría sabido, pero cualquier asiduo al bar sabría que esos son sus amigos de siempre. Tendría que ser un asiduo especialmente observador para ver que hay gente nueva. Dos chicas y un par de chicos.
Nuevas adquisiciones para el grupo. Amigos de alguno de ellos que terminarán siendo amigos de todos, acaso más que del amigo original. Así es como suele ser el crecimiento en los grupos de amigos y como suponemos que ha sido por los siglos de los siglos.
Hablaban de mujeres. De mujeres y de sexo. Alguien dijo una tontería. Una tontería "grande como mi verga" señaló alguien. Y ahí se montó la gorda. Nunca mejor dicho:
-Dime de lo que presumes y te diré lo que careces.
Así, con esa frase, con esa cita -difícilmente podría haber una cita más estúpida- se intentó integrar una de las nuevas en el grupo de amigos. Cuanta torpeza desplegada en su cerebro de mosquito. Intentar meterse en un grupo subiéndose a las barbas de un miembro es imposible ya que cualquier miembro del grupo tiene las barbas mucho más arriba que el alcance de ningún recién añadido.
Una frase tan estúpida reaccionó violentamente en Victor. Como un martillazo a cámara lenta, Victor reaccionó seguro pero despacio. Entró como un rompehielos:
-¿Sabes porqué se hacen tantas bromas de mayor o menor crueldad con el tamaño de las pollas?
Ella no lo vino venir. Preguntar la causa desafiante a quien avanza como un rompehielos es como entrar en una vía y correr hacia el tren que viene. Pero ¿Qué otra cosa podía hacer ya? Sólo levantarse de la silla y salir corriendo -socialmente inviable- le habría librado.
Entonces el salto hacia el tren y el atropello:
-A ver, ¿por qué?
-Porque no es importante.
-Eso sólo lo decís los pichacortas, ja ja ja.
Miró alrededor buscando apoyo desesperadamente. Un trapecista que cae fuera de la red de seguridad no habría mirado a su salvación con menos horror.
-¿Ves? Acabas de bromear con ello. ¿Ves mis entradas? Son pequeñas. Por eso me puedes llamar calvo. Si fuera calvo no me lo podrías llamar. Corrección política, ya sabes. Lo mismo pasa con los penes: Excepto casos extremísimos no importan. Lo que importa son vuestras vaginas. Por eso nunca se habla de esto. Vuestras vaginas son las importantes. Ellas son las que son tan grandes que no os correis o tan pequeñas que os hacemos daño. Lo normal es que fueran elásticas. ¿Tu qué eres? ¿una chochogordo?
Silencio absoluto. No ha pasado un ángel, ha hablado un diablo. "Dicen que tienes veneno en la piel" dice Juan Perro en la radio. Victor tiene veneno en la lengua.
Faltan dos minutos para que Victor salga del bar dando un portazo.