Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias.
El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer). - Milán Kundera – La insoportable levedad del ser
Penélope invita a Tomás a quedarse en su casa. Tomás, sabiendo que Matilde no está en casa, acepta con reservas: Está enfermo, con una pequeña gripe. Se lo advierte y a ella no le parece mal, asi que va.
Penélope no estaba tan segura de querer que se quedase y no está contenta con que haya aceptado. Al menos eso la confirma – cree, pero cree saber y tenerlo confirmado – que no le miente, que es cierto que no tiene a nadie en casa sino que le ha aparecido alguien de su pasado.
No está contenta pero, una vez que ha metido la pata -curioso meter una parte del cuerpo por culpa de otra igual que curioso es que la parte del cuerpo con más fuerza sea una de las que, muscularmente hablando, tenga menos. Por supuesto me refiero a la boca, bocaza en este caso- Una vez que ha metido la pata, decía, tratará de que la noche salga lo mejor posible, así que se retira, vuelve vestida, sienta a Tomás y empieza a bailarle un strip-tease con la música de Carmen. De Bizet, claro. Luego se lo lleva a la cama y empieza a hacerle el amor. No acabará.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada