Conocer a un extraño, conectar con él y enamorarse perdidamente es uno de los mayores placeres de la vida. - Randall Munroe
Tomás estaba solo en casa. En la vida real no es nadie de interés, pero en sus juegos de ordenador es un guerrero poderoso. De todos modos, ya estaba harto de tanto poder por un rato. Y hambriento. Era la hora de comer y Teresa no estaba en casa. Tampoco era cosa de empezar a cocinar tan tarde y sólo para uno. Afortunadamente, era fiesta en su ciudad, así que había casetas con comida barata en las plazas y allí se bajó a tomar algo.
Sus pintas no podían ser peores. Iba en chandal, con unos zapatos rotos, sin afeitar. Sin duchar siquiera. Si llevaba su móvil es porque es obligatorio. Allí pidió un bocadillo y señaló un grifo en el que ponía “Pepsi”. Pero no le sirvieron Pepsi. Y preguntó. La explicación no podía ser más fácil, a tono con la camarera, que no podía ser más tonta, pensó Tomás:
“Es que aunque ponga Pepsi, ese grifo da 7Up”
A Tomás le dió igual, pero la mujer de al lado no se quedó conforme con la explicación y exigió otro vaso con Pepsi para Tomás. La camarera no llegó a escucharla y Tomás la paró. Prefería beberse su 7Up a montar un escándalo. Y la conversación siguió su curso. Se rieron por cosas comunes. Por el aspecto histriónico de una mujer y porque la mediocre cantante prometió cantar otra canción. “Por esto se le podría denunciar por amenazas”, dijo Tomás.
Tomás y la mujer se separaron de la barra. Y se separaron juntos, de manera natural, se movieron a una de las mesas que había alrededor, sin conocerse. Simplemente se movieron.
Y ella le pidió permiso para invitarle a un café. Se llamaba Penélope.
Penélope era mayor que Tomás. Pero lo suficientemente atractiva como para que quisiera quedar con ella al día siguiente.
Teresa trabajaba mucho y turnos largos, lo que le dejaría a Tomás bastante libertad para engañarla. Esto le tranquilizaba en parte, ya que no le pillaría, aunque siempre queda el miedo a encontrarse con algún amigo suyo.
Tampoco le hacía gracia engañarla. Pero, se justificaba a si mismo, si no lo hacía, odiaría a Teresa por “obligarle” a no conocer esa nueva aventura en la que se podría embarcar. Y sería peor. Total, tampoco pasaba nada, ella no se iba a enterar y, “ojos que no ven, corazón que no siente”. Además, en realidad no era tan importante. No por acostarse con otra persona iba a querer menos a su pareja.Y seguramente la culpabilidad le llevara a tratarla mejor, así que, en definitiva, casi hasta lo hacía por ella.