29 junio 2010

Recuerdo la historia del pato. Tenías un pato y le querías mucho. El día que lo llevaron al campo grande te pusiste tan triste y cogiste tal berrinche que tu padre se enfadó y decidió no llevar más patos a casa.

En el tren estoy recordando cuando veíamos no sé que en la PSP, con unos auriculares, mirando a la pantallita. O todas las demás veces que hemos ido en tren. Tu presencia impregna aquí e impregna allí. Hasta que se ha ido en la primera estación he estado jugando a UNO con una niña que tenía las cartas. Me está dando una paliza. La he dicho que más respeto, que la triplico en edad. Entonces no estaba pensando en nada, pero supe que, si estuvieras ahí te habrías puesto de su parte.

Porque cuando no estoy contigo estoy pensando en ti. Y no ahora por haber roto. Llevo años contigo o pensando en ti. Imaginándote a mi lado cuando no estás conmigo.

La historia del pato es una entre millones. Es una que no quiero olvidar o dejar en saco roto. Lo has roto todo, lo has jodido todo pero no quiero dejar que lo hagas. No quiero no dejar que rompas todo.

Soy el primero que defiende que hacer algunas cosas no significa no querer a la pareja. Y hay seis años por detrás que me han convertido en otra cosa mejor.

No me merezco esto. Ni tu te mereces otra oportunidad. Pero tonto sería si dejara que rompas todo. Volver contigo es algo egoista, porque sé lo que eres. Ya no mereces la pena, pero yo sí merezco más de ti, porque ahora me merezco todo lo que quiera. Y lo que quiero es a ti.

1 comentarios:

noemí dijo...

conservar lo bonito de las cosas es de sabios... porque todas las historias tienen esos momentos inolvidables, bonitos.. que nada puede manchar