28 abril 2010

Crónicas del ático

No podemos ganar. Ni siquiera podemos salir de esta base. Son superiores a nosotros y no podemos hacer nada. En cuanto aparecemos y damos dos pasos nos han matado. ¿Qué podemos hacer? Sólo dejarnos.

Yendo rápido aceleramos la muerte. Yendo con cuidado como mucho sobrevivimos unos segundos más. Con suerte nos llevamos a uno por delante. Pero eso no suele pasar.

A alguno de nosotros nos han matado ya más de 50 veces. Y el que más de nosotros tiene tiene 12 muertes en su haber. Estamos perdidos. La muerte nos da igual. Si volvemos a reaparecer nos da igual. Pero las balas duelen. Y el orgullo también.

Todas las salidas están tapadas por sus muros de balas. No podemos hacer nada. ¿Nada? Allí van dos de mis compañeros. Dos. Voy a tirar una bomba de humo delante de ellos. Y voy a salir con ellos. Uno de ellos ya está muerto. Yo sobrevivo tumbado. Disparo al aire entre el humo. No ha habido suerte. Me han matado.

¿Y el tercero de nosotros?

Vuelvo a aparecer y miro a mi alrededor. No está por ahí. Voy a poner la bomba. Muerto.
Voy por otro camino. Muerto.
Este no está aquí. ¿Cómo le irá fuera?
Tiro la granada cegadora. Muerto antes de que explote.

Menuda paliza. Que superioridad más apabullante. Nos han matado ya más de 70 veces. En mi vida había visto semejante paliza, semejante cantidad de reapariciones en una sola partida. Esto nos sirve de estadística negativa para 10 partidas.

Muerto

Pruebo a disparar a la pared. Muerto

De repente se abre el cielo: Bomba colocada.

Ha sido el tercero. El enemigo corre despavorido y les matamos por la espalda.

Vamos corriendo a la bomba. Nos ponemos en los sitios estratégicos, tiramos reinserciones tácticas protegidas ahí al lado. Plantamos bombas al lado del objetivo. Resistimos, resistimos durante pequeños periodos de 10 segundos durante los cuales matan a cinco de los nuestros sólo en lo que hacemos un intento desesperado por no dejarles desactivar la bomba.

El sacrificio es enorme y lo conseguimos por la mínima, pero 30 segundos después, la victoria es nuestra.

David wins Goliath again.