El padre que me trae fruta me ha traido fruta y ha comentado las noticias conmigo. El padre que me trae café me ha traido café y ha estado comentando lo que hacen los alumnos. Otros se han acercado a preguntarme que tal estaba o simplemente a saludarme mientras pasaban de aquí para allá.
Ninguno sabía aun que me iba. He esperado a que fueran a entrar para despedirme de ellos. Prefería verles por separado a despedirme de todos a la vez.
Ha sido como un "día de despedida": He hecho una cosa de cada: una llamada a a un alumno, una llamada a un padre, una llamada equivocada, gente que ha venido a preguntar por misa, despistados preguntando por el museo, un recado, etc.
No sólo hecho de menos el trabajo. Pegado al trabajo también está el sitio. Es como ver a alguien que se parece a un familiar muerto: No es él, pero la parte física es su representación objetiva y es parte de cada uno. Menudo me expreso. Tengo mucho sueño.
Y el sitio es lo que se ve, claro. Pero también los sonidos, el olor y el tacto. Creo que, de la parte física, el tacto es lo que más voy a echar de menos. Son todos esos sitios con los que se juguetea, donde se meten los dedos o se rasca o se tamborilea. También son los picaportes, los cierres, las esquinas, el calor que da la lámpara en el mismo instante de encenderse.
Cuando les he dicho que me iba me han dado la mano, me han deseado lo mejor y me han dicho que ojalá vuelva a verles.
Me falta poco para irme, pero el tiempo se acaba. Y ya estoy en el momento en el que no sabes que hacer y casi quieres que se acabe porque es incómodamente largo. No quieres que se acabe nunca pero quieres que se acabe de una vez. Hoy sólo he leido. He leido muchas de esas cosas que tenía pendiente pensando que ya las leería. No he querido ver 24 ni Galactica. Algo veré mientras como. Ni siquiera he escrito nada que vaya a poner en el blog a corto plazo aparte de esto.
Dejar este trabajo es lo peor de coger el nuevo.
25 octubre 2009
Mi último día
Postres de
El hombre que fue Jueves
en
25.10.09
Etiquetas: Absolutamente personal, Lágrimas en la lluvia
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2 comentarios:
Es como el último día de colegio.
Pues sí. Y no es sólo el sitio. Imagínate que tienes compañeros que además son amigos. Y que además te cambias de ciudad... todo cambia. Lo único permanente es el cambio, con lo único que puedes contar en la vida, que es eso, vivir los cambios, con lo bueno y lo malo. En mi experiencia ha habido mucho más bueno que malo en los cambios, siempre.
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