Los culpables de que tengamos que trabajar retorcieron nuestras vidas, las doblaron tres veces y las usaron para encenderse los puros. Echaron piedrecitas en nuestras lentejas y añadieron huesos al pollo y espinas a las truchas.
Además, hicieron que el Salmón perdiera su color verde tan característico y lo cambiaron por un rosa pálido.
También adelantan todos los relojes por la noche y les atrasan durante el trabajo. Y nos mueven la cadera al mear para que no acertemos.
23 octubre 2009
Aibó aibó
Postres de
El hombre que fue Jueves
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23.10.09
Etiquetas: Eugeniadas
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